Durante los primeros años de vida, los niños se encuentran en un proceso fascinante: aprender a comunicarse. Aunque para los adultos pueda parecer que todo empieza con las primeras palabras, en realidad la comunicación se inicia mucho antes.

0 a 1 año: Explorando con los sentidos

En esta etapa, los bebés se comunican a través del llanto, miradas, sonrisas, movimientos y diferentes sonidos. Cada gesto es un mensaje: hambre, sueño, necesidad de consuelo o de juego. Sus manos y su boca son las herramientas principales para descubrir el mundo.

1 a 2 años: Señalar, imitar, expresar

A medida que se desarrollan, empiezan a utilizar gestos más intencionados, como señalar aquello que desean o llevar a un adulto de la mano. Las primeras palabras aparecen y se combinan con expresiones faciales y corporales para hacerse entender. La frustración puede ser grande cuando aún no logran expresar todo lo que sienten o necesitan.

2 a 3 años: ¡Yo solo!

El vocabulario crece rápidamente y comienzan a construir frases sencillas. Todavía están aprendiendo a regular sus emociones y a comprender las normas sociales. Comunican deseos, enfados, alegría… pero aún con muchas limitaciones.

¿Y los mordiscos? ¿Por qué ocurren?

En el aula de infantil es muy habitual observar que algunos niños/as muerden. Aunque pueda preocupar a las familias, morder es un comportamiento normal y pasajero en el desarrollo.

Los motivos más comunes son:

  • Exploración sensorial: todo va primero a la boca.

  • Dentición: la presión en las encías alivia molestias.

  • Frustración o enfado: cuando no saben expresar lo que sienten con palabras.

  • Búsqueda de atención o interacción: es su forma de decir “¡Estoy aquí!”.

Los niños no muerden con intención de hacer daño: están aprendiendo a relacionarse y a comunicarse. Con apoyo, acompañamiento y pautas adecuadas, esta conducta desaparece de forma natural.


Nuestro papel como adultos

En la escuela y en casa, es importante:

  • Mantener la calma y acompañar la emoción del niño.

  • Poner límites claros: “Morder hace daño”.

  • Ofrecer alternativas para expresarse: palabras sencillas o pedir ayuda.

  • Favorecer actividades que descarguen energía y reduzcan la frustración.

  • Utilizar cuentos, juegos y rutinas que apoyen el desarrollo del lenguaje.


Aprendiendo juntos día a día

Cada niño/a tiene su propio ritmo. En estos primeros años están construyendo las bases de la comunicación: comprender, imitar, expresarse y convivir con otros. Nosotros/as estaremos a su lado para acompañarles, enseñarles y celebrar juntos cada pequeño gran avance.

Porque cada gesto, cada palabra… y sí, incluso algún que otro mordisco… forma parte de su crecimiento.